De la cárcel a Starbucks. Sobre la arquitectura, el diseño de espacios y de mobiliario como elementos clave en el cambio de paradigma en educación

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Sala de Trabajo en el BORNHOLMS EFTERSKOLE diseñada por Rosan Bosch Studio

Tengo sentimientos encontrados con respecto al gigante norteamericano Starbucks: no me gusta nada su café, pero me encanta estar allí sentada horas y horas. El uso de colores tierra, la moqueta, el aroma y, sobre todo, los enormes sofás orejeros que configuran el mobiliario de este lugar, hacen que me sienta cómoda, casi como en casa, de manera que el producto es lo de menos (además de carísimo, el café me parece malísimo) pero en mi inconsciente queda grabada esta atmósfera de confort y por mucho que mi parte intelectual critique tanto el café como la estructura empresarial de la marca, irremediablemente me dirijo allí cuando quiero trabajar de manera relajada y la verdad es que me cuesta mucho salir.

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¿Por qué Howard Gardner en vez de Giner? O la necesidad de abordar el cambio metodológico desde pedagogías de proximidad

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Salir del aula, una de las reivindicaciones eternas de Giner

De un tiempo a esta parte tengo la suerte de trabajar como asesora metodológica para varios centros educativos que quieren abordar el cambio de paradigma desde sus prácticas cotidianas. Y me resulta bastante increíble comprobar como todos estos centros, muy distintos en tamaños, contextos e ideologías, todos sin excepción, sitúan a Howard Gardner y su teoría de las Inteligencias Múltiples como referente y modelo central a la hora de abordar el cambio. Solo y exclusivamente Gardner (avalado por la marca Harvard y el éxito del centro Montserrat de Barcelona), con un poquito de Robert Swartz y un poquito de los hermanos Johnson & Johnson sobre los que sobrevuela la eterna y maravillosa sombra de Sir. Ken (no me hace falta ni poner el apellido).

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De Cristina Pedroche a Carolina Bescansa: aprender a mirar como competencia básica del siglo XXI

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Estos últimos meses los medios de comunicación y por consecuencia directa, la sociedad civil, han tenido muy en cuenta tres imágenes. En la primera de ellas la presentadora Cristina Pedroche anunció las campanadas de fin de año con un vestido semitransparente que se convirtió en la noticia más comentada del inicio del año. En la segunda imagen, la diputada de Podemos Carolina Bescansa dio un golpe de efecto que revolucionó el congreso al ejercer su puesto profesional acompañada por su hija de pocos meses. Y en la tercera imagen, generada la semana pasada, el torero Francisco Rivera ha ocupado artículos y debates al publicar desde su cuenta de Instagram una foto con su hija de cinco meses en brazos pero en una postura bastante diferente a la de Bescansa, porque en vez de figurar sentado aparece de pie y no haciendo cualquier cosa sino toreando.

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Desplazar al objeto: la importancia de pasar de los instrumentos a la cultura del aprendizaje en el contexto del arte + educación

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Desde el 31 de octubre de este año que acaba, en Matadero Madrid está teniendo lugar una experiencia singular. Una experiencia a la que hemos llamado Ni arte ni educación  niartenieducacion.com y que ha sido comisariada por GED (Grupo de Educación Disruptiva de Matadero Madrid) y coordinada por Pedagogías Invisibles. Faltan ya pocos días para que termine (concretamente, el 10 de enero) y vamos a necesitar muchos meses para digerirla y analizarla.

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Deberes no, placeres sí. El significado del término “esfuerzo” en la educación del siglo XXI

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Eva Kotatkova. Formación ambidiestra. 2015

Estaba tumbada en la camilla escuchando a Esther. Hablábamos de lo que yo debía empezar a hacer, de las herramientas que eran recomendables que pusiese en funcionamiento, de los pasos que tenía que dar. Esther hizo un breve silencio, trago saliva y me dijo:

“Pero ya sabes que no debes iniciar este proceso con esfuerzo, porque el esfuerzo solo conduce al fracaso

Nada más escuchar aquella frase, no la entendí muy bien, es más, pensé que se había equivocado porque año tras año, día tras día, mis profesores, mis familiares, mis superiores se habían empeñado en decirme justo lo contrario, se habían empeñado en decirme que “el esfuerzo es sinónimo de éxito”. La miré fijamente a los ojos y le dije

“Esther, ¿te he entendido bien?, ¿estás afirmando que el esfuerzo solo conduce al fracaso?”

A lo que ella me contestó que efectivamente no se había equivocado.

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