Descolonizar el deseo: plantando flores en el Valle de la Muerte de la Educación

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¿Son verdaderamente necesarias las mesas y las sillas para aprender?

“El conocimiento no llega si el deseo no lo convoca” Atribuido Deleuzze y Guattari

A veces me sorprendo de lo vieja que soy. Echo la vista atrás y me parece increíble que lleve ya tantos años trabajando en la misma universidad, en el mismo edificio, atravesando el mismo parking, rechazando la misma comida, olisqueando el aroma del mismo arriate de flores. Cuando en el año 1989 comencé mi primer año de carrera en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid y bajaba la cuesta que separa la estación de metro de Ciudad Universitaria de mi centro de estudios, no se me pasó por la cabeza que seguiría haciendo ese mismo recorrido veinticinco años después. Pero así ha sido. Esta semana he empezado mis clases y, cómo en las ediciones anteriores, he vuelto a transformar mi docencia en un proyecto, pues concibo mis asignaturas más como un marco de acción que como un tema de estudio. Pero tengo que admitir que esto no se siempre fue así. Desde 1994 (el primer año que empecé a dar clases) mi deseo como docente estaba colonizado.

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Trabajando lo performativo, la sorpresa y el cuerpo. Transformándonos en fantasmas para experienciar lo invisible en el aula

Colonizado por el imaginario de la buena educación, de lo que se concibe como correcto en el contexto educativo: hileras de pupitres anclados al suelo, silencio sepulcral…, colonizado por la idea de que debía de hablar sin parar y que, por supuesto, al final del cuatrimestre debería de poner un examen. Mi deseo de aprender y que los demás aprendieran estaba infectado por un modelo en el que nunca había creído, pero que era el único que parecía posible y que contagiaba de manera tóxica el desarrollo de mi propio pensamiento para perpetuarse. Y allí estaba yo, reproduciendo un sistema educativo que me incomodaba, creando un clima bulímico, infértil y pretencioso.

De 1999 a 2001 las cosas cambiaron. Tuve la suerte de verme obligada a salir de mi zona de confort y viajar a lugares donde se estaba investigando sobre el cambio. De la mano de Elliot Eisner en Stanford, empecé a vislumbrar el absurdo de reproducir un sistema que odias; y en el año 2011, el descubrimiento de la obra de Elizabeth Elssworth y Alejandro Piscitelli, se convirtieron en un momento “visagra” (un momento “antes y después”) desde el que definitivamente ya no pude dar marcha atrás.

Quizás fue el año pasado por esta fechas cuando recibí la posibilidad de embarcarme en un nuevo reto: la galería bogotana de arte contemporáneo NC-ARTE, deseaba realizar un Laboratorio de Pensamiento Creativo que impulsase en Colombia el cambio de paradigma partiendo del mundo de la educación y las artes visuales. A la vez, se pretendía anular el sinsentido de las asignaturas estancas cruzándolas con otras disciplinas y saberes profesionales. Pero, y esto es de suma importancia para lo que voy a contar aquí, el equipo de NC-LAB tenía como objetivo no solo innovar en los contenidos, tenía muy claro que quería innovar en los formatos, en la metodología, quería descolonizar su deseo sobre lo que una reunión de más de doscientas personas supone. Deseaba abandonar el imaginario de congreso tradicional: los asistentes sentados en sillas incómodas mirando como una sucesión de ponentes entran y salen de un escenario sin posibilidad de participación. Por esta razón diseñaron y construyeron una experiencia de aprendizaje basada en la creación de un clima fértil sobre cinco elementos clave.

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De 200 a 30. Inversión de las ratios

En la mayoría de los grandes eventos con muchos participantes las actividades se hacen de forma multigrupal con sesiones masivas, lo que nos lleva a ver como utópica la idea de hacer congresos con grupos pequeños. Invirtiendo esta premisa, el equipo de NC-LAB se preguntó a sí mismo cómo solucionar este problema y dio con la clave: dividieron a los 200 participantes en grupos pequeños de 30 personas.

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Del tiempo lineal al tiempo rotativo

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Los afectos y los sentimientos como elemento pedagógico base porque La durabilidad de un recuerdo depende del contexto de emoción en el que el recuerdo fue creado

El segundo elemento fundamental fue la gestión de los tiempos: en un congreso tradicional dicha gestión se desarrolla de forma lineal de manera que los asistentes hacen todos lo mismo al mismo tiempo. El NC-LAB duró cuatro días en los que se alternaron Experiencias Colectivas con los 200 participantes (tanto en la antesala como en la sala general) con Experiencias Simultáneas donde solo participaban los integrantes de cada grupo de 30 (las salas se dividían, con ayuda de unas cortinas, en espacios de trabajo). De esta manera, mientras que en las experiencias en las que participaba el grupo entero el tiempo se compartía por igual por todos, en las del grupo pequeño el tiempo se utilizó de forma simultánea, de forma que los 200 participantes divididos en 6 grupos de 30, participaban a la vez de experiencias distintas. Esta solución temporal basada en la rotación, desfragmentó la experiencia lineal del evento convirtiéndolo en una experiencia de tiempo diversos, no lineales, y mucho más dinámicos, que el tiempo plano de un congreso tradicional.

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Del espacio inamovible al espacio fluctuante

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Uno de los espacios industriales donde se desarrollaban las Experiencias Simultáneas del NC-LAB

Ninguno de los elementos clave anteriores hubiese sido posible sin la desestructuración del espacio tradicional. Mediante una estética completamente contemporánea, diseñada entre el propio equipo del NC-LAB y por la Escuela Taller de Bogotá, el gigantesco espacio diáfano situado en el polígono industrial de Las Américas, se transformaba según lo que el aprendizaje necesitaba. Mediante una estructura móvil de andamios rodantes, cortinas que dividían el ambiente solo en los momentos requeridos, ausencia de sillas y mesas y luz natural a raudales, la transformación del espacio tradicional fue una de los grandes logros del evento ya que posibilitó una gestión disruptiva de tiempos y una posición del cuerpo descolonizada por la idea de que para aprender hay que estar sentado…

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De la metodología única (lección magistral) a las metodologías múltiples, rizomáticas e inacabadas…

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Disfrutando del extrañamiento: escaleras con las que trabajar el poder dándoles usos inadecuados

La ratio, el tiempo y el espacio sirvieron como plataforma para lo que posiblemente pueda entenderse como la innovación climático-pedagógica más importante: el trabajo con metodologías de generación del conocimiento múltiples. Cada grupo participó de manera rotativa con ocho invitados: Maria Elena Ronderos, Nicolás Paris, Manel Quintana- María Camila Sanjinés, Eva Molares, Jordi Ferreiro, María José Arjona y yo misma. Cada uno de nosotros diseñó e implementó una o varias actividades para cada día con un formato de trabajo participativo, basado en la experiencia y en la utilización del arte contemporáneo como formato. La arquitectura de transmisión del NC-LAB posibilitó que cada asistente participara del proceso de trabajo concreto de cada uno de los invitados que demostramos tener una enorme pluralidad metodológica: formatos eufóricos como los de Jordi Ferreiro, regenerativos como los de Eva Morales, performativos como los de María José Arjona, dibujísticos como con Nicolás París, karaokianos como con Manel Quintana y María Camila Sanjinés, reflectantes como los de María Elena Ronderos o disruptivos como los míos. La potencia de estos talleres se complementó con la magia del Panel Activo que funcionó como formato de cierre diario, a través de conclusiones realizadas por expertos de múltiples disciplinas que participaron como agentes activos del Laboratorio. Comprobar en el mismo evento esta pluralidad metodológica me parece una de los elementos más brillantes del NC-LAB ya que es precisamente dentro de dicha pluralidad donde debemos encontrar la clave de la Educación del Siglo XXI en la que la incertidumbre es una de las máximas certezas.

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Del simulacro a la experiencia

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La sorpresa y lo inesperado como eje de una Pedagogía de la Experiencia

La suma de todos los elementos anteriores, definitivamente deshizo el Simulacro Pedagógico y el NC-LAB se consolidó como una experiencia de aprendizaje transformadora para la comunidad que se constituyó entre participantes, mediadores, equipo organizativo, artistas/educadores y panelistas. Día a día aparecía la sorpresa, los afectos, el movimiento, lo visual frente a lo textual, el murmullo, la euforia, el hacer, lo cuestionador, lo crítico, el diálogo, la democracia… Cierro los ojos y son múltiples las imágenes que atesoro de aquellos cuatro días y dichas imágenes las atesoro porque van unidas a emociones, a efervescencia, a participación, y ya sabemos que la durabilidad de un recuerdo depende del contexto de emoción donde el recuerdo fue creado.

El NC-LAB ya forma parte de mi biografía y sin lugar a dudas lo voy a situar también como un momento “antes y después”, porque vivir esta experiencia ha consolidado todas mis intuiciones, ha demostrado en la práctica que el cambio de formato conduce al aprendizaje y que en estos momentos no podemos crear conocimiento de la manera que se creaba en décadas anteriores. Entendiéndonos como arquitectos de experiencias en vez de cómo dispensadores de información, debemos descolonizar procesos obsoletos: tenemos que ser capaces de cambiar, de transgredir, de avanzar, y no solo porque nos parezca necesario, sino porque cambiando el clima, como dice Ken Robinson, conseguiremos que salgan flores en el Valle de la Muerte de la Educación.

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El equipo de trabajo de NC-LAB

3 comentarios

  1. Este tipo de encuentros hacen bien y son necesarios. Gracias Maria por estar con nosotros y al equipo que planteo este encuentro…quiero mas!

  2. Me parece una experiencia muy enriquecedora y me gustaría qué esto se extendiera. Gracias por darla a conocer en un medio al que podemos tener acceso “todos”.

  3. Que maravillosa experiencia la que vives.! Gracias por compartirla y que recorra el mundo de Todos los que buscamos y buscamos.

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