Dopamina, empoderamiento y responsabilidad: sin cambiar la evaluación no cambiaremos la educación

“Si cuando evaluamos es imposible ser objetivos, por lo menos seamos honestos”
Clara Megias
Clara tiene siempre un sueño recurrente, un sueño en el que parece que va a morir y lo único que le preocupa es que no llega al examen que tenía programado. Es tal el nivel de autoexigencia que ha desarrollado desde niña con relación a los exámenes, que en sus peores pesadillas se repite esta angustiosa y terrorífica sensación de tener que llegar a una prueba en la que todos más o menos repetimos el ritual emblemático de la educación bulímica: atracón de datos, vómito y olvido sazonado con grandes dosis de ansiedad, miedo y desazón.

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¿Puede un tsunami provocar la felicidad? Dejemos de consumir y empecemos a generar

La sociedad de consumo es un sistema que te hace creer que la felicidad consiste en lo que el individuo coge de ella: bienes, trabajo, relaciones… Este modelo donde el capital es el centro, nos transmite la idea de que solo nos hace felices todo aquello que proviene del exterior y que consumimos para llenarnos. Pero, según Zygmunt Bauman (defensor del Manifiesto Generativi basado en el texto de 2014 de Mauro Magatti e Chiara Giaccardi)realmente ocurre todo lo contrario: solo alcanzaremos la verdadera felicidad cuando lo que hagamos sea aportar a la sociedad, cuando demos en vez de cuando compremos, cuando generemosen vez de cuando consumamos.
 

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Ir a la escuela para aprender a pensar en vez de ir a la escuela para aprender a aburrirte: la emoción como elemento clave del proceso de aprendizaje

Recordemos nuestras clases y seamos lo más objetivos posibles. Recordemos la sensación narcotizante que sentíamos al entrar por la puerta, al tirar la mochila en el suelo, al sentarnos en la silla de la forma más dejada posible. Recordemos las expectativas que habíamos desarrollado sobre las interminables ocho horas de aburrimiento, de antiparticipación, de convertirnos en un elemento tan triste y tan incómodo como el aula que nos albergaba… Recordemos el tedio, la inmovilidad y el (des)aprendizaje. El cuerpo es el gran olvidado de la pedagogía. La educación tradicional normativa nos ha hecho creer que lo que verdaderamente importa es la cabeza, lo intelectual, el pensamiento, todo lo que sucede en la parte superior de nuestros organismos de manera que poco o nulo interés ha mostrado por lo que hay más allá de lo que sustentan nuestros hombros…

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El museo como excusa: visiones fronterizas entre arte y euducación

“Para llevar todas estas ideas a buen puerto más que trabajar juntos tenemos que lograr convertirnos en artistas educadores y en educadores artistas a tal punto que todos, absolutamente todos, estemos empujando en la misma dirección.”
Luis Camintzer
 
“Un profesor actúa como profesor, y suena como tal. Un artista obedece ciertos límites heredados de percepción, que determinan como se vive y construye la realidad. Pero nuevos nombres pueden ayudar al cambio social. Reemplazar artista por jugador, es una manera de alterar una identidad fijada. Y una identidad cambiada es un principio de movilidad, de ir de un lado a otro.”
Allan Kaprow
 
Uno de los problemas más graves que arrastra la educación artística en nuestros días es la absurda separación entre arte y educación como si fuesen dos esferas aisladas unas de otras, completamente diferentes y ajenas la una de la otra. Por un lado, tenemos en nuestro imaginario la figura del artista, el comisario y del mundo del arte, relacionados con el conocimiento, con la legitimación, vinculados al éxito, la creatividad y la victoria. Un mundo particularmente masculino en el que resulta muy difícil entrar. Por otro lado, tenemos el imaginario de la profesora de plástica, de la educadora de museos, el mundo de la escuela o de los departamentos de educación de los centros de arte, situados siempre en las catacumbas, en los sótanos, alejados de las zonas brillantes y luminosas, un imaginario relacionado con los pasatiempos, con los públicos desestimados, con la falta de creatividad y con el fracaso. Un mundo particularmente femenino, secundario, relegado, escondido, y en el que los sistemas de acceso son diferentes y nos sitúan constantemente en la precariedad.
 
 

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Del fragmento a la pieza: redes sociales, conocimiento rizomático y la necesidad de escribir con lápiz

En el año 2011 Alejandro Piscitelli (sí, él una vez más) se quedó estupefacto cuando nos conocimos y supo que la única tecnología de que disponía para conectarme con el mundo exterior era mi correo electrónico. Por entonces yo no tenía Facebook, ni Twitter, ni por supuesto se me ocurría escribir un blog. Cuando Alejandro se enteró de estas ausencias, me miró fijamente y me dijo: “La suerte solo llama a quienes están conectados”, así que desde esa misma tarde me creé mi perfil de FB, mi cuenta de Twitter y un poco más tarde abrí mariaacaso.es
   
Las redes sociales entraron en mi vida profesional y cambiaron muchas cosas, de las que la más importante era, sin lugar a dudas, que mis estudiantes y yo éramos más listos y aprendíamos más. Esto ocurría porque dichas redes introducían una serie de cambios sustanciales en nuestro aprendizaje, siendo el primero de ellos que dichas redes potenciaban un tipo de aprendizaje menos jerárquico ya que su propia estructura rizomática, sin centro definido, desestructuraba la transmisión lineal y vertical. Resultaba que, gracias a la información que la comunidad de aprendizaje subía a FB, yo aprendía un montón de los alumnos, los alumnos entre ellos y todos nosotros de personas que no conocíamos y cuya información remezclábamos. Además, era especialmente rico el conocimiento que generábamos a través de contenidos considerados como no académicos (vídeo clip, series y todo aquello incluido dentro del concepto de baja cultura) y que además llegaba hasta nosotros desde formatos audiovisuales.  

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